El Camino de Baldosas Amarillas: cuando el aprendizaje no siempre es lo que parece
Hace un tiempo, comprendi el placer de conectar mis experiencias o comenzar un texto con historias, obras, mitos o novelas que son aún más grandes que nosotros mismos. Aquellas que perduran en el tiempo porque contienen lecciones que se actualizan con el paso de los años y se ajustan a nuestras vivencias.
Coincidentemente, estuve reflexionando sobre las experiencias de Dorothy, la joven de Kansas sobre la cual L. Frank Baum escribió en 1900, y Judy Garland popularizó en la versión cinematográfica del Mago de Oz de la posguerra. ¿Por qué establecer un paralelo entre mi propio camino en el diseño de ambientes de aprendizaje y el intento desesperado de un personaje de ficción por regresar a casa? La relevancia de ambas escenas radica en la necesidad de recorrer un camino nuevo que nos conduzca hacia un mundo de oportunidades, al igual que Dorothy buscaba llegar a Ciudad Esmeralda. Para lograrlo, debemos superar obstáculos, vencer miedos, evaluar nuestras habilidades, colaborar en equipo (con visiones disiplinares distintas) y mantener un objetivo claro en mente.
Si caminamos lo suficiente, alguna vez llegaremos a alguna parte**
Al igual que Dorothy, el Espantapájaros, el Leñador de Hojalata y el León Cobarde, quienes se encontraron en el camino hacia el poderoso Mago de Oz, capaz de satisfacer sus deseos más profundos, yo también emprendí un viaje. Sin embargo, a lo largo de este recorrido, descubrí que lo que inicialmente creía que me faltaba no era la única clave para convertirme en una buena diseñadora instruccional. La necesidad de profundizar en la teoría se volvió evidente; más allá de la implementación de herramientas tecnológicas, era crucial comprender las metodologías y prácticas educativas que respaldan su uso efectivo en el aula y fuera de ella.
Entre estas, la pedagogía multimodal se destacó por su enfoque en la diversidad de modos de comunicación, desde palabras hasta imágenes y gestos, para facilitar el aprendizaje y desarrollar habilidades en los estudiantes. Además, la inclusión de la diversidad en el currículo se reveló como una modalidad esencial en la actualidad del quehacer pedagógico, permitiendo que los estudiantes se vean reflejados en las historias y antecedentes de su propia educación.
Particularmente interesante fue el enfoque del Aprendizaje Basado en Desafíos. Este método, fundamentado en la experiencia y la participación activa, es capaz de despertar la motivación de los estudiantes al crear un sentido de urgencia y estimular la acción, especialmente en temas particularmente polémicos. El Challenge Based Learning, por sus siglas en inglés, sin duda, ofrece un marco estructurado para integrar desafíos en el proceso educativo, tan necesarios en el contexto colombiano*.
En este inicio de tramo, se destacó también la urgencia de reevaluar las condiciones y oportunidades en el ámbito educativo en su totalidad. La presencia omnipresente de Internet (afirmación particularmente álgida en países en desarrollo como el nuestro) y el entorno digital no solo aportan herramientas, sino que introducen dinámicas culturales y sociales que redefinen nuestra concepción del aprendizaje. Es crucial comprender que las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) no tienen el poder automático de transformar el entorno educativo; su eficacia radica en una metodología interdisciplinar clara y objetivos bien definidos, que comienzan a delinearse en la fase de análisis. Aprender a discernir y construir conocimiento a partir de la abundancia de recursos disponibles se convierte en una habilidad esencial en este nuevo paradigma, y si se quiere diseñar con calidad esta lección debe quedar bien aprendida.
No se trata de adónde vas, es con quién te encuentras en el camino
La taxonomía desarrollada por Gustafson y Branch (2002) describe los modelos en tres categorías: orientados al aula, orientados al producto y orientados a los sistemas. Con esta comprensión de las diferentes aproximaciones, nos acercamos a la misión primigenia del curso: diseñar un ambiente de aprendizaje junto con nuestros compañeros, conformando equipos para tal propósito. Sin embargo, surgen múltiples preguntas en este proceso. ¿Cuál es el enfoque más adecuado? ¿Es más importante el resultado que fortalecer las estrategias de enseñanza? ¿Cuál debe ser la duración óptima para que los resultados perduren? ¿La búsqueda de mayor participación compromete la calidad del aprendizaje? Esta pregunta resuena especialmente en nuestro caso (grupo 4) , dado que el entorno en el que nos sumergimos como equipo es delicado y con implicaciones éticas: lograr que estudiantes de enfermería adquieran una comprensión tanto teórica como práctica en la aplicación de la anestesia en diversos escenarios. Diseñar para el aprendizaje conlleva ciertas responsabilidades más allá de los límites de la usabilidad.
En este proceso de diseño, el enfoque se convierte en un principio operativo, una fuerza que guía la creación de soluciones prácticas a problemas educativos. El diseñador o diseñadora instruccional aprende a ver e influenciar estructuras invisibles de la experiencia; aplicándose a distintos niveles desde cursos que se extienden por días hasta interacciones que duran una sola sesión.
A varias estaciones de Ciudad Esmeralda
El curso que hemos emprendido claramente demuestra que este proceso se desarrolla en etapas, como si fueran estaciones en un viaje educativo, avanzando desde las perspectivas más generales hasta adentrarnos en las estructuras más detalladas y específicas del aprendizaje. La primera estación de este viaje es el análisis, un paso que se lleva a cabo con minuciosidad. Ya suficientes pistas nos da su etimología que proviene del griego "ana," que significa "de abajo a arriba" o "enteramente", el verbo "lyein," que se traduce como "soltar," y el sufijo "-sis," que denota "acción." En conjunto, el análisis se convierte en la acción de descomponer y comprender completamente un elemento, un contexto, o a sus actores.
Tal como lo evidenciamos en la práctica individual y grupal durante las diversas actividades de los módulos, el proceso comienza con el entendimiento completo del ecosistema: su contexto, sus recursos, las normativas que lo rigen, su espacialidad, los actores: directivos, docentes, padres de familia, estudiantes y ex-alumnos y cómo se interrelacionan entre ellos. Reunir tanta información como sea posible es esencial. ¿Qué sabemos sobre nuestros estudiantes y docentes? ¿Qué esperamos lograr con esta lección o unidad? ¿Qué quiero que los estudiantes sepan al final de nuestra experiencia? ¿Cuáles son sus conocimientos previos? ¿Cómo afectará su entorno? ¿Qué habilidades deseo que desarrollen y cuáles no? Estos son los cimientos sobre los cuales se construirá nuestro ambiente. Cada paso se erige sobre la base del entendimiento de quienes están aprendiendo, y es esencial para lograr altos niveles de motivación y proporcionar la retroalimentación necesaria para su éxito en el camino propuesto.
Aunque aún no hemos alcanzado Ciudad Esmeralda, el recorrido realizado hasta el momento sugiere que las próximas etapas del viaje, que incluyen el diseño, desarrollo, implementación y evaluación, estarán repletas de desafíos. Sin embargo, también nos proporcionarán satisfacciones, nuevos conocimientos, herramientas y estrategias para abordar las necesidades identificadas en esta fase inicial. Desde el inicio, hemos reconocido la importancia de profundizar en las teorías fundamentales del aprendizaje, como el conocido constructivismo, junto con las teorías pioneras de Vygotsky y Piaget. Estas lecciones siguen impulsando la promoción de oportunidades educativas, esta vez, a través de la digitalización, con el objetivo de que los estudiantes construyan su propio conocimiento a través de la exploración activa y la resolución de problemas.
Además, al prestar atención a los "actores" de nuestro sistema, hemos abierto la puerta al desarrollo de experiencias simuladas que permitan a los estudiantes de enfermería practicar la teoría de manera segura y confiada, tanto en entornos analógicos como digitales, y desde lo inmersivo hasta lo “blended”. Así como al mejoramiento en la retroalimentación durante las instancias de evaluación en procesos clínicos complejos Esto es de suma importancia, ya que los estudiantes y docentes lo han manifestado a través de entrevistas y encuestas, contrastando con las expectativas que se tienen sobre ellos en el currículum. Otra lección esencial que hemos adquirido en esta etapa, es que no debemos temer dar voz a los actores involucrados en nuestro sistema. ¡Que viva la heteroglosia!
Solo al hacerlo identificamos y priorizamos, el o los problemas que buscamos resolver y determinamos las herramientas que debemos utilizar para diseñar y potencializar su experiencia de aprendizaje. Bien lo dice el diseñador Naoto Fukasawa, “el gran diseño es una relación multidimensional entre la vida humana y su entorno”.
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Bibliografía
- Anderson, T. (2008). Towards a theory of online learning. Theory and practice of online learning.
- Gibbons, A. S. (2014). Eight views of instructional design and what they should mean to instructional designers. In Design in educational technology (pp. 15-36). Springer, Cham.Gustafson, K. L., & Branch, R. M. (2002). What is instructional design? Trends and issues in instructional design and technology.
- Jonassen, D. H., & Rohrer-Murphy, L. (1999). Activity theory as a framework for designing constructivist learning environments. Educational Technology Research and Development.
- Kukulska-Hulme, A., Bossu, C., Charitonos, K., Coughlan, T., Deacon, A., Deane, N., et al. (2023). Exploring new forms of teaching, learning, and assessment, to guide educators and policymakers.
- Pellegrini, Franco (2022). El diseño del mundo. ¿Cómo se crea una experiencia.
- The Herridge Group (2004). The use of traditional Instructional Systems Design Models for eLearning
- Youngblood, Chesluk (2021) Rethinking Users: The Design Guide to User Ecosystem Thinking.

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